HISTORIA
HISTORIA
La Federación Colombiana de Tejo (Fedetejo), fundada en 1954, es la máxima autoridad encargada de reglamentar y profesionalizar este deporte en el país. Como entidad rectora, su labor ha sido fundamental para transformar una práctica ancestral de origen muisca en una disciplina competitiva con estándares técnicos oficiales, lo que permitió su inclusión en los Juegos Deportivos Nacionales. Bajo su gestión, el tejo alcanzó su mayor reconocimiento jurídico mediante la Ley 613 de 2000, que lo consagró como Deporte Nacional, y la Ley 1947 de 2019, que lo blindó como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, asegurando así la preservación de esta identidad deportiva frente a las nuevas generaciones.
Investigación del Historiador Nelson Guerra:
El Tejo, originalmente conocido como Turmequé.
Tiene sus raíces en la era prehispánica Hace más de 600 años, como una práctica profundamente espiritual donde lo terrenal se conectaba con lo cósmico. Para los muiscas, no era un juego, sino una ceremonia cargada de simbolismo, Los Muiscas fueron habitantes del Altiplano Cundiboyacense, en los actuales departamentos de Cundinamarca y Boyacá, en Colombia.
El lanzamiento de discos llamados zepguagoscua, elaborados en oro, hacía parte de rituales sagrados como ofrenda de los jeques a sus dioses. Estas prácticas estaban ligadas a la conmemoración del dios del sol, Sue (Sué), durante el día, y de la diosa de la luna, Chía, durante la noche, integrando su conocimiento con su cosmovisión. Los discos eran arrojados a lagunas sagradas y, en algunos casos, depositados previamente en múcuras de barro, simbolizando la conexión entre la energía solar y la tierra.
Paralelamente, surgieron prácticas más terrenales como el “pique”, considerado un antecedente del juego, en el que se lanzaban piedras hacia otras colocadas en el suelo, buscando precisión.
“Representación de un bocín de Múcura, los discos de oro (zepguagoscua) adaptado al tablero y caja actuales del tejo.”
Durante la conquista y la colonia (1499 -1810), el juego experimentó importantes transformaciones con la llegada de nuevos materiales y normas sociales. En este contexto surge la leyenda de María Lucero, considerada por muchos como el primer referente de competencia femenina en el tejo. Según la tradición, un sacerdote obligó al cacique de Turmequé a elegir una sola esposa entre sus concubinas, por lo que organizó un torneo en el que debían lanzar discos de oro sobre una múcura. La ganadora fue María Lucero, quien se convirtió en su esposa oficial.
Además de su carga espiritual, los líderes indígenas pactaban alianzas y realizaban trueques de objetos valiosos, como mantas de algodón, esmeraldas y piezas de orfebrería, consolidando así el poder y la cohesión entre los diferentes cacicazgos de la región.
Con el tiempo, esta práctica ritual evolucionó hacia una actividad más técnica. Aparecieron los primeros bocines elaborados en piedra (lítica), con cavidades diseñadas para recibir los lanzamientos, y surgieron los tejos de piedra, marcando el inicio de la jugada conocida como “embocinada”. También se incorporaron elementos que anticipaban las actuales mechas, utilizando semillas o frutos que se aplastaban al ser impactados, generando una respuesta visual y sonora al acierto.
“Representación de un bocín de Litica, la semilla en el centro y el tejo como una piedra. Adaptado al tablero y caja actuales del tejo.”
“Representación de un bocín de Guadua y el tejo como una piedra. Adaptado al tablero y caja actuales del tejo.”
En esta transición, se empezaron a utilizar materiales para la realización de los Bocines como el canuto del árbol loco (Smallanthus pyramidalis) y lo procedió los canutos de guadua, así los Muiscas debían introducir la Piedra dentro del Canuto.
En el siglo XIX , el uso del metal reemplazó progresivamente los elementos tradicionales. Se introdujo la herradura metálica sobre el bocín de guadua, junto con la mecha de pólvora colocada encima, y la fabricación del tejo en metal con un estilo mas rudimentario y mas aplanado, dando origen al característico estallido del tejo moderno.
“Representación de un bocín de Guadua, la herradura, la mecha y el tejo Metálico. Adaptado al tablero y caja actuales del tejo.”
Ya en los siglos XX y XXI, surge el bocín metálico y el tejo se consolida como un símbolo nacional. En los años 40, escenarios como el campo Villamil en Bogotá se convirtieron en espacios clave de encuentro social y político, donde líderes como Jorge Eliécer Gaitán conectaban con la comunidad.
En 1954 se formaliza la organización del deporte con la creación de su federación y la realización del primer campeonato nacional en Cali. Con el tiempo, las reglas se estandarizan y los elementos se perfeccionan, como el bocín, que pasa de 10 a 11 centímetros para facilitar el juego. Finalmente, en el año 2000, el tejo es declarado deporte nacional de Colombia, y en 2018 es reconocido como patrimonio cultural, consolidando su valor histórico.
A lo largo de su evolución, el tejo ha transformado sus materiales —del oro y el bronce, a la piedra y finalmente al acero—, pero ha mantenido su esencia. Su forma, similar a un disco que atraviesa el aire, sigue evocando ese vínculo ancestral entre el ser humano y el cielo, manteniendo viva la idea de que, desde tiempos antiguos, el juego ha sido una forma de interpretar y recrear lo que se observa en el universo.
Esta es la escultura que mencionábamos antes: un indígena de contextura atlética en posición de lanzamiento. Su función es puramente homenajear el origen del tejo. Es la representación del guerrero anónimo que lanzaba el disco de oro (zepguagoscua) hace 500 años. Es el símbolo del vigor físico y la tradición deportiva.
Autor: Fue realizada por el maestro Omar Santamaría.
Inauguración: Se erigió en el año 2003, bajo la administración de Mario Antonio Villamarín, como un homenaje a Turmequé por ser la "cuna mundial del tejo".